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17th of January 2018

Tecnología



¿Por qué va lento mi iPhone? Te descubrimos los motivos y soluciones

Como una cuarta ley de la termodinámica, un iPhone comenzará a ir más lento con el paso del tiempo. Técnicamente las causas son de origen variado y no siempre suelen notarse a tiempo. Es una degradación relativamente progresiva que afecta a todos los smartphones de otras compañías también, y en mayor medida en muchas ocasiones.

Los motivos podemos dividirlos en tres grandes grupos: degradación física, nuevas funciones de un sistema operativo que poco a poco va centrándose en teléfonos más potentes, y la acumulación de datos útiles y “basura digital” en nuestras aplicaciones. Es decir, uno de hardware y dos de software.

Los usuarios de iPhone tienen la percepción de que su teléfono va más lento cuando aparece una nueva versión 'mayor' de iOS Los usuarios de iPhone tienen la percepción de que su teléfono va más lento cuando aparece una nueva versión 'mayor' de iOS (Google Trends)

El primero tiene que ver con el único componente que reduce su rendimiento con el paso de los meses en un smartphone: la batería. Cada vez que la cargamos, de forma completa o incompleta, la tecnología de iones de litio pierde un poco de capacidad. Hay docenas de métodos que automáticamente intentan reparar parte de esta pérdida. Pero es inevitable a largo plazo. Tras el primer año, una batería puede estar al 70-80% de su capacidad original, pero la pérdida puede ir más allá.

No lo notamos porque en el día a día la pérdida es progresiva, pero muchos usuarios de forma intuitiva recuerdan que la batería duraba más antes. Y con esta pérdida de batería, el sistema operativo parece que reduce su rendimiento para consumir menos energía e intentar equilibrar. Esa parece ser la conclusión preliminar de un estudio creado analizando cientos de iPhone 6s y iPhone 7 con el test sintético Geekbench. El test no es definitivo, faltan métodos de control en el experimento, pero nos indica claramente cómo hay saltos de rendimiento ene que se sitúan los procesadores de un iPhone, supuestamente tras una reducción automática del consumo.

Representación de centenares de notas sintéticas de rendimiento de iPhones con diferentes versiones de iOS, especulativamente menor en algunos casos por degradación de batería. Representación de centenares de notas sintéticas de rendimiento de iPhones con diferentes versiones de iOS, especulativamente menor en algunos casos por degradación de batería. (GeekBench)

¿Qué solución tiene este elemento? Cambiar la batería por una nueva con el paso del tiempo. Como cuando cambias el aceite o los neumáticos del coche, es una forma efectiva de recuperar el rendimiento del primer día. Volverán las horas perdidas y, también debería volver al menos parte del rendimiento perdido por la degradación de la misma. Es como una píldora de la juventud.

En cuanto a los otros dos motivos citados al inicio, las nuevas versiones del sistema operativo y la acumulación de datos, las soluciones no son tan fáciles. Por suerte, son gratuitas. Hablemos primero de las actualizaciones de software. Cada varios meses, Apple envía una actualización de iOS, bien sea una actualización “mayor” (pasar de iOS 10 a 11) o una menor (de iOS 11.1 a iOS 11.2), o incluso una muy menor como pasar a iOS 11.2.1.

Este tipo de actualizaciones son obligatorias porque suelen incluir mejoras de seguridad y parches concretos, pero en otras ocasiones vienen acompañadas de nuevas funciones de software que están pensadas para móviles más modernos. Por mucho que Apple en este caso intente optimizar para toda su gama de dispositivos, los terminales de hace años se resentirán más al tener procesadores más lentos o menos memoria para ejecutar las novedades.

El 'Neural Engine' de los nuevos iPhone X y iPhone 8 es muy eficiente, pero la falta del mismo en modelos anteriores hace que se resientan al intentar hacer las mismas tareas El 'Neural Engine' de los nuevos iPhone X y iPhone 8 es muy eficiente, pero la falta del mismo en modelos anteriores hace que se resientan al intentar hacer las mismas tareas (Apple)

Esto parece ser lo que ocurre con iOS 11. Julio César Fernández Muñoz, un veterano programador especializado en sistemas de Apple, nos da un ejemplo: “Desde iOS 10 hay una serie de procesos de ML (Machine Learning) que pueblan el sistema. Uno de ellos es el teclado predictivo”. “En iOS 10 funcionaban sobre la CPU convencional pero ahora se han creado algoritmos más eficientes y más potentes, basados en redes neuronales” que tienen una unidad especialmente diseñada en el iPhone 8 y iPhone X denominada TPU (Unidad de Proceso de Tensores) que no está presente en modelos anteriores. Esto hace que los iPhone 6 y iPhone 6s específicamente, según Fernández Muñoz, sufran de rendimiento con una función tan sencilla como escribir en el teclado.

Este tipo de casos se irán acumulando. Nuevas funciones en la cámara, navegador web más potente, aspectos más interactivos, etc. que hacen que el sistema operativo consuma más y más. En un iPhone de última gama siempre irá “fetén”, pero el resto se pueden resentir. ¿Qué solución tiene? Dejar de actualizar el sistema operativo es peligroso, pero actualizarlo puede reducir su rendimiento de forma visible. Mi recomendación, si tu iPhone es “viejo” y no es una actualización de seguridad... déjalo así. En muchos casos es un mal menor porque lamentablemente, y con buen motivo, Apple no deja “deshacer” una actualización de forma sencilla.

(David Paul Morris / Bloomberg)

Y para terminar, el último caso de degradación pasa por la acumulación de datos “buenos” y “malos” en nuestras aplicaciones. Con el paso del tiempo y a medida que usamos las apps en nuestro móvil, estas generan archivos obvios que podemos ver: fotografías que tomamos, archivos que generamos, etc. y también otros archivos ocultos a nuestros ojos. Son las conocidas cachés. WhatsApp almacena nuestras conversaciones, Facebook guarda las fotos de perfil de nuestros contactos para no descargarlas todo el rato, los navegadores web hacen lo propio con parte del contenido que hemos visitado, los juegos generan mucha información sobre sus modelos y texturas, etc. Todos estos datos comienzan a acumularse.

Estos elementos hacen que nuestras aplicaciones vayan en teoría más rápido, pero con el paso del tiempo hacen que se llene el almacenamiento y el sistema operativo empiece a asignar espacio de forma menos eficiente. Es recomendable desinstalar las que no usemos nunca. Por último, las apps tienen una tendencia a “engordar” con el paso del tiempo añadiendo nuevas funciones y consumiendo más recursos, esto se puede acumular y hacer que nuestro móvil se sienta menos ligero. Una solución intermedia consiste en hacer una copia de seguridad de nuestros datos, restaurar el teléfono y volver a instalar las aplicaciones que sean necesarias.

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